No hay unidad sin pluralismo

Texto por Beatriz Rubinsztain, presidenta de Arzenu Brasil

En los últimos días hemos seguido con gran preocupación los acontecimientos recientes relacionados con el Kotel, uno de los símbolos más profundos de la historia y la espiritualidad del pueblo judío. Para quienes vivimos en la diáspora, el Kotel no es solo un lugar sagrado, sino un espacio que representa pertenencia, memoria y la diversidad de caminos que siempre han formado parte del judaísmo.

La posibilidad de decisiones que puedan restringir la expresión plural en el Kotel nos afecta directamente. No podemos aceptar que un lugar que pertenece a todo el pueblo judío sea administrado de una manera que excluya voces, prácticas y tradiciones que forman parte de la vitalidad del judaísmo contemporáneo. El vínculo entre Israel y la diáspora se sostiene en el reconocimiento de esa diversidad, y no en la imposición de una única forma de vivir la religión.

El Kotel es un símbolo espiritual que debe permanecer abierto a todos. Defender su carácter plural no es un gesto político circunstancial, sino una afirmación clara de que la unidad del pueblo judío solo es posible cuando existe respeto por las diferencias y responsabilidad mutua entre todos.

En este momento, en el que la realidad en Israel vuelve a estar marcada por la guerra, el miedo y la incertidumbre, sentimos aún más la urgencia de reafirmar aquello que nos mantiene unidos: el valor de la vida, el compromiso con el otro y la negativa a aceptar que la violencia sea el único camino posible.

Elevamos nuestras plegarias por la paz, por la preservación de la vida y por días de mayor estabilidad. Expresamos nuestra solidaridad con todas las personas afectadas por la guerra, manteniendo viva la esperanza y el espíritu de solidaridad que nos une, incluso en los momentos más difíciles.